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Terry Richardson y el problema del hombre poderoso

Hace ya más de cuatro años, cuando recién comenzaba a explorar la fotografía erótico/sensual, solía recibir la recomendación de seguir a Terry Richardson, uno de los más grandes exponentes de la fotografía provocativa (y fashion) de la actualidad. Recuerdo haber explorado a este personaje y su trabajo más reconocido en el mundo del erotismo, y haber sentido asco y repulsión al ver su “arte”, su exceso de egocentrismo y todo lo que representa.

Imágenes exageradamente sexualizadas, un flash reventado en la cara de las modelos y una clara degradación de la imagen femenina para lograr lo “provocativo” lo –según él– “espontáneo, natural”, era lo único que yo podía ver en su trabajo. Si bien, en términos de gustos “no hay nada escrito” y cada quien tiene derecho a amar o detestar el trabajo creativo de otros, creo que el problema mayor, es el (o los) individuo(s) que se esconden detrás de la cámara. Este tipo (Richardson) hace mucho que venía siendo acusado por diversas chicas de acoso y abuso de poder durante sus sesiones de fotos, acusaciones que como adivinarán, fueron ignoradas por toda una industria (o varias de ellas) por décadas, ¿por qué?, porque este no era cualquier fotógrafo, era Terry Richardson, un hombre reconocido, pero aún más importante, un hombre con poder.

MAT QV.

Fotógrafo, escritor, cinéfilo y bueno para la talla.

El hombre poderoso

Si hoy buscas las fotos de él en Google te sorprenderá ver la cantidad de reconocidos artistas, políticos y figuras públicas que se fotografiaron por él: Lady Gaga, Miley Cyrus, Barack Obama, Rihanna, por mencionar algunos. ¿Cómo? Te preguntarás, ¿cómo es posible que un hombre que claramente degradaba a cientos de modelos en sus fotografías tenía el honor de fotografiar a las personas más reconocidas de un país?, y la respuesta es poder, pero no cualquier poder, poder masculino.

El 2017 estuvo marcado por la explosión de los casos de abuso sexual y acoso en la industria creativa estadounidense que culminó con decenas de artistas cayendo en desgracia después de que las acusaciones contra Harvey Weinstein (reconocido y poderoso productor holywoodense) se convirtieran en el punto de partida de una protesta generalizada en contra del abuso de poder y el exceso machismo existente en la industria artística. Un machismo que no sólo sigue estigmatizando la figura femenina como algo “a consumir”, si no, que le entrega validación y protección a cientos de hombres que, como Richardson o Weinstein, poseen tal peso sobre el medio que creen que pueden hacer y deshacer sin consecuencia alguna.

Ahora, más de alguno de ustedes dirá “Nadie obligó a las modelos o actrices a hacer lo que hicieron, pudieron haberse ido” y créanme, entiendo de dónde viene una respuesta así: nuestra cultura y nuestra educación machista. Sin embargo, decir eso como justificación para actos como estos es ser parte del problema. Es estar repitiendo una justificación que probablemente es tan antigua como el abuso sexual y la degradación de la imagen femenina, es seguir convirtiendo a las víctimas en culpables. Muchas de estas modelos o actrices se negaron, muchas incluso intentaron salir de donde estaban y denunciar a los perpetradores, pero a nadie le importó, “las fotografías de Terry son así”, decían, “las modelos aceptan el trato al trabajar con él”, “no debió aceptar si no quería que la tocaran”, “es provocativo, es arte”.

No, no es arte, es abuso. Y mientras sigamos justificando a estos “artistas”, seguiremos haciendo de este mundo un lugar peligroso para nuestras hijas, hermanas, amigas y mujeres en general.

“I was a shy kid, and now I’m this powerful guy with a boner, dominating all these girls.”

Terry Richardson 

“Era un niño tímido, ahora soy un tipo poderoso con una erección, dominando a todas estas chicas”. 

Terry Richardson.

Que personajes como Richardson o Weinstein lleguen a amasar un poder tan grande como el que tenían antes de caer, nos habla de lo enferma que está nuestra cultura, y lo sucias que pueden ser las industrias creativas, donde personajes abusivos se alzan sin ser juzgados por nada más que “su arte”, por mucho que este utilice el abuso sexual y la destrucción de mujeres como medio para alcanzar la fama.

El problema del poder es que convierte a las personas en súbditos y fanáticos ciegos. Todos lo somos con más de alguna figura artística, porque “su arte” es lo suficientemente bueno como para que hagamos vista gorda de sus actos abusivos; Kevin Spacey (House of Cards) era uno de mis ídolos más grandes hasta que este año fue acusado de abusar de un menor y de múltiples hombres en distintos rodajes.

¿Por qué nunca dijeron algo antes?, lo hicieron, pero Spacey es (al igual que Terry, Weinstein y muchos más) uno de los hombres más reconocidos y poderosos en su industria y, como tal, hizo y deshizo lo que quiso porque muchos temían meterse con alguien tan famoso y poderoso como él. Hoy no puedo justificar sus actos y celebrar su talento artístico sin sentirme enfermo; ser un genio artístico no debería darle el poder a nadie, de pasar por encima de hombres y mujeres, ni mucho menos, la facultad de que nosotros decidamos ignorar los crímenes de alguien porque “es buen actor” o “es buen fotógrafo” o “es un genio”.

Basta de idioteces, basta de justificar lo injustificable.

Todos somos Terry Richardson

Yo no tengo nada en contra del sexo, ni en contra de los gustos sexuales de cada persona, todos somos distintos y mientras nuestras parejas/conocidos quieran compartir nuestros gustos y ser parte de ellos, no hay problema. Pero cuando imponemos la perversión personal para llevar a cabo “trabajos artísticos” nos convertimos en un Terry Richardson más. Cuando justificamos su “arte” e ignoramos sus abusos, nos convertimos en él.

Conozco a muchos fotógrafos en Chile que partieron haciendo fotografías sensuales sólo como medio para acosar mujeres. Muchos de ellos fueron destruidos en las redes sociales por las mismas modelos, pero estoy seguro de que hay muchos más que siguen ocultándose detrás de su “arte” para abusar de las mujeres que deciden confiar en un “artista” para hacer su trabajo.

El respeto por la mujer es la clave para hacer el trabajo de fotógrafo erótico/sensual bien hecho. El respeto por sus gustos, por sus límites, por sus deseos artísticos y por cada centímetro de ellas como personas es lo más importante. Ni tu visión artística, ni tu “poder”, importa más que una persona.

Chicas, esto no es sólo una reflexión para los hombres, también lo es para ustedes. Nunca dejen que abusen de ustedes sólo porque “pueden” hacerlo, nunca se queden calladas ante el acoso y siempre, siempre denuncien a estos “artistas” depredadores, porque si no, seguiremos colaborando en su existencia.

 

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Ñuñoa, Santiago de Chile