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Fuego

Karla llegó esa tarde de verano y encendió mi casa con su pelo. Un naranjo potente que se robaba toda la atención de mis ojos, jugué con la luz del sol y logré que su cabello pareciese una llama, fue una tarde entretenida. Ella, muy animosa y risueña, sin duda una gran experiencia.

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Ñuñoa, Santiago de Chile